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Daniel Samper Ospina, un Aristócrata Gamberro

Columna escrita por Daniel Cavanzo
Durante la semana previa a la publicación de esta columna,Daniel Samper en medio de sus acostumbrados, cotidianos, rutinarios y repetitivos ataques a diestra y siniestra que sus colegas califican de “sátira” y que él tiene el descaro de llamar “PERIODISMO”, en medio de todo esa coprolalia del columnista hubo algo que “pasó la línea”, que sobrepasó el límite de lo aceptable y despertó la ira del expresidente Álvaro Uribe, y no fueron los insultos proferidos contra el exmandatario, y a los cuales ya está acostumbrado, no fue el irrespeto a Antioquia y la burla del bogotano del más rancio abolengo hacia las históricas reclamaciones de autonomía de las regiones del país. Todo ello es grave y ciertamente ofensivo, pero lo que realmente provocó el ataque de Uribe a Samper fue que este nefasto personaje con su característica actitud de matón de colegio, no conforme con todas estas ofensas y burlas, decidió emprenderla contra la bebé, hija de Paloma Valencia de nombre “Amapola”, a quien le relacionó el nombre con los cultivos ilícitos del país, algo a todas luces inaceptable, pero curiosamente omitido por sus acérrimos defensores de su propio gremio que le terminaron enviando una carta a Uribe indignados porque según ellos las calumnia es una estrategia de Uribe, y porque el “muy noble” Daniel Samper fue para varios de los periodistas más reconocidos del país una “víctimas” más del líder político.
estalló un escándalo que, francamente no tuvo nada de sorpresivo,

Viendo lo anterior es necesario escribir esta columna tomando en cuenta varios factores, siendo el más importante el hecho de que los periodistas, con muy contadas y gratas excepciones han omitido las causas del enfrentamiento Uribe-Samper, y han pretendido pintar al columnista como un “periodista ejemplar”, y es necesario aclarar en primer lugar el tipo de persona que verdaderamente es Daniel Samper, para poder, en un segundo momento, realizar un análisis del altercado presenciado por la opinión pública colombiana.


Es necesario comenzar por decir una obviedad, algo que cualquiera que haya leído mi perfil o seguido mi actividad en redes sociales sabe, y es que soy uribista, y lo debo decir porque es necesario aclarar que no tengo neutralidad en el tema, y tampoco la pretendo tener, otro punto importante a recalcar es que yo no me considero un periodista, a lo sumo un “opinionista u opinador” (término aún muy controvertido en el idioma español, pero cada vez más necesario) y si realizo en ocasiones algunos reportajes estos obedecen a falencias en el cubrimiento periodístico y a una necesidad de las comunidades a las que pertenezco; con estos puntos claros empecemos.

Mi animosidad contra Daniel Samper no es nueva, y mucho menos comenzó a causa de su enfrentamiento con Uribe, ya desde hace años, leía de vez en cuando alguna de sus columnas en la Revista Semana y he de admitir que no hay en mi memoria una ocasión en la que haya terminado de leer algo suyo, lo cual incluye la columna que enfureció a Uribe; no es cuestión de pereza, leo muchas otras cosas, pero es que su estilo es tan malo y de tan mal gusto que con leer algunas de sus líneas y ver aquel estilo de gamberro burlón de colegio, me es suficiente para darme cuenta que el texto no es nada serio y que es preferible invertir mejor mi tiempo. Solo apenas hace un corto tiempo, cuando comenzó a publicar videos en YouTube®, pude conocerlo, y fue un gran descubrimiento, pues su foto de perfil de Semana al igual que la de su compinche Daniel Coronell parecen haber sido tomada hace más de una década, ese contraste entre la imagen del columnista y la del youtuber, sumado a que en un principio se dedicó a criticar a los youtubers, echando de vez en cuando chistes desganados y de mal gusto sobre política, me hizo creer que los dos personajes eran familiares (como en Bogotá abundan las dinastías aristocráticas que acaparan todo cuanto pueden), después de algunos videos quedó muy claro que era el mismo, y cobró pleno sentido el hecho de que nadie comprara sus libros, pues con ese estilo tan de estudiante frustrado que maneja, ¿quién los va a comprar?, Y más allá de que estos sea un insulto, es una realidad, de hecho varios escritos de los que se hacen los estudiantes en el colegio, con la euforia de la rebeldía adolescente, y todos los errores que esto implica se asemejan a los de este señor, carentes de un estilo decente, de mal gusto y sin interés de hacer una aportación real a la situación de Colombia.

Pero Daniel Samper no es solo un mal escritor y un pésimo humorista que se las da de periodista, él también fue el director de la Revista SoHo; no tengo nada en contra de la pornografía ni el erotismo, y de hecho soy admirador del desnudo utilizado en las obras de arte, pero sus abusos en esta revista son bien conocidos, jóvenes de ambos sexos retratados en escenas obscenas, completamente erotizados, desnudos con el mínimo sentido artístico y del mayor mal gusto, algo muy propio de este personaje; correos electrónicos filtrados, que muestran la falta de respeto de Samper por sus modelos y de paso su falta de profesionalismo, pero no ahondaré en esto, pues no tengo más que aportar a las revelaciones hechas por buenos periodistas como Gustavo Rugeles, lo que sí quiero destacar es el preocupante hecho de que la justicia haya alcahueteado estos retratos inmorales justificándolos en base a la “libertad de expresión”, aun cuando los defensores de Samper solo pueden argumentar “que los menores tenían permiso de los padre” como si en Colombia la Ley permitiera que los padres autoricen a sus hijos a realizar actos indebidos, esto último es bien sabido por aquellos que hayan trabajado con entidades que se encarguen de la protección y el restablecimiento de los derechos de los menores abusados.

En fin, nada pareciera meritorio en este señor, más allá de su exitosa incursión en YouTube, donde hay muchos como él, hijos de familias acomodadas que no tienen nada mejor que hacer, pero ni eso genera mérito alguno, pues en esa plataforma se puede encontrar contenido que sí vale la pena. Entonces ¿por qué alguien tan mediocre es defendido por todos los periodistas del país, ha dirigido una revista de gran importancia, y se ha consolidado como un disque “líder de opinión” en Colombia? La respuesta es simple pero decepcionante, y es que su éxito se resume en un apellido “Samper” y en la estructura familiar que está detrás, y es que en las familias con logros hechos a pulso, que en este país son la mayoría, un personaje como Daniel Samper no tendría éxito, debería ajuiciarse, aprender a trabajar en algo que sirva y aprender con los golpes de la vida a ser humilde, pero su familia es de la élite bogotana, y el éxito y la fortuna las tubo aseguradas, y sin entenderse por qué se le reconoce como una personalidad, cuyas opiniones tan poco relevantes son mostradas en los medios de comunicación masiva, por donde se pavonea cada vez con más frecuencia, los medios de comunión le rinden honores y defienden cada una de sus mofas, ¿por qué periodistas serios lo defienden? ¿Por qué programas serios lo toman en cuenta? ¿Cuál es el motivo de la admiración del “periodismo colombiano” por este bufón? Son preguntas que me hago sin hallar aún una respuesta satisfactoria.

Y finalmente es necesario hacer un análisis del incidente que llevó a Daniel Samper al centro del debate público; en este punto es necesario agregar a lo ya dicho que este columnista es un provocador, tiene por costumbre utilizar aquella técnica cada vez más popular entre los comunicadores colombianos y particularmente muy común entre las personalidades de la izquierda política, consistente en hacer una serie de ataques muy escandalosos: ridiculizaciones, difamación, insultos y demás dirigidos a figuras públicas para que una vez que estas contesten hacerse las “víctimas” y los “valientes”, diciendo que afrontan una persecución, dirigiéndose de inmediato a las instancias judiciales que han estado desconociendo sus provocaciones. Es evidente que esta estrategia resulta más rentable cuando se ataca a personas muy populares, y es por eso que grandes personalidades públicas como Uribe son constantemente acosados con ataques frecuentes tanto a su propia honra y buen nombre como el de sus familiares. Los periodistas que hacen esto por lo general no tienen mucho profesionalismo y ganan mucha popularidad entre los detractores de los líderes a quienes atacan. Sabiendo esto la postura del líder político Álvaro Uribe Vélez ha sido muy acertada, procurando ignorar estas afrentas por parte de personajes como Samper, pero es claro que no está dispuesto a guardar silencio ante los excesos de quienes se refugian en una libertad de expresión mal entendida y mal utilizada, especialmente si lo que se pretende es atacar la honra y la dignidad de una niña recién nacida.

El error de Uribe
Fue simple pero de grandes implicaciones y fue el utilizar el término “violador de niños” para referirse a Samper, aclarando posteriormente que era un “violador de los derechos de los niño”, algo que para mí y buena parte de los colombianos es una nimiedad, pero la verdad es que en los tribunales y los periódicos esta diferencia es enorme, y de ella se aprovechó el provocador para intentar voltear la torta y hacerse pasar por víctima, sin tener como ya se ha dicho, la autoridad moral para defenderse, de la ola de revelaciones y publicaciones sobre sus ya consabidos abusos. 

El periodismo alcahuete
Lejos de desmarcarse de este nefasto personaje que es Daniel Samper, el gremio del periodismo tomó una actitud muy reprochable, pues en una carta firmada por varios de los más “serios” y reconocidos comunicadores del país acusaron a Uribe de tener una estrategia montada para difamar y enlodar el nombre de sus críticos, haciendo ver a Samper como víctima y descontextualizando lo ocurrido; lo triste del caso es que esta vez no fueron solo los compinches del columnista sino que también fueron periodistas con gran trayectoria los que intentaron legitimar el actuar de este personaje, lo cual demuestra la capacidad de manipulación que ha alcanzado Daniel Samper. Esta actitud fue cuestionada por periodistas como Julio Moralesquien en un blog de El Tiempo (Ni siquiera en la página principal de la publicación) alega que: algo así se esperaría si el altercado lo hubiera protagonizado un periodista serio, pero que no se justifica la defensa de un provocador con tantos cuestionamientos, y llama a acabar con el apoyo a los columnistas que no tienen límites a la hora de usar sus espacios de opinión como herramientas de acoso.

Lo que viene
Es difícil pensar que tendrá futuro una demanda interpuesta por un “periodista” con tantos cuestionamientos contra un senador (hay que recordar los beneficios que la ley da a los congresistas a la hora de opinar) que además es expresidente, más teniendo en cuenta que este altercado tuvo lugar en Twitter® y que, en últimas se basa en un error en la formulación de una denuncia, más aún si se tiene en cuenta la causa: el ataque a una bebé, hija de una senadora, con todo esto veo difícil que una demanda así prospere, y de llegar a hacerlo sería uno de los precedentes más nefastos en este contexto jurídico.

Conclusiones, lo que se aprende
Los líderes del país deben saber que hoy en día a la hora de hacer una denuncia, no basta con tener la determinación y la certeza sobre los hechos, hoy deben tener diccionario y asesor jurídico a la mano, porque errores en la justa formulación de una denuncia permiten al culpable hasta hacerse pasar por víctima.

La derecha ganó, al confirmarse la fidelidad, unión y solidaridad de sus partidarios. El periodismo perdió, especialmente en credibilidad, al defender ciegamente y sin reclamo alguno a uno de sus miembros más cuestionados. Entre Uribe y Samper quedaron en tablas, pues es difícil que el proceso jurídico que se inició prospere con tan poca coherencia; pero si la derecha deja de prestar atención a las mofas de Daniel Samper, puede que en últimas, él sea el gran perdedor. Y tratándose de este bufón es algo que apoyo completamente, es necesario dejar de darle una importancia inmerecida a un escritor sin talento, pues como bien dicen los Tigres del Norte en su popular canción “sin talento no busque grandeza, porque nunca la vas a tener”, es necesario que el país y el gremio del periodismo sepan y admitan que Daniel Samper no es un periodista sino un aristócrata gamberro.

Comentarios

  1. Excelente.!! Yo y me atrevo a decir que al igual que muchos Colombianos, nunca terminé de leer un "artículo" si se le puede llamar así y menos terminé de ver un video "youtuber", me da pena ajena ver un payaso de esos escudándose en un apellido para desprestigiar a los que no son de su agrado...Vergúenza deberían sentir los periodistas al apoyar a semejante GAMBERRO!!

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