| Columna escrita por Daniel Cavanzo |
estalló un escándalo que, francamente no tuvo nada de sorpresivo,
Viendo lo anterior es necesario
escribir esta columna tomando en cuenta varios factores, siendo el más
importante el hecho de que los periodistas, con muy contadas y gratas
excepciones han omitido las causas del enfrentamiento Uribe-Samper, y han
pretendido pintar al columnista como un “periodista ejemplar”, y es necesario
aclarar en primer lugar el tipo de persona que verdaderamente es Daniel Samper,
para poder, en un segundo momento, realizar un análisis del altercado
presenciado por la opinión pública colombiana.
Es necesario comenzar por decir
una obviedad, algo que cualquiera que haya leído mi perfil o seguido mi
actividad en redes sociales sabe, y es que soy uribista, y lo debo decir porque
es necesario aclarar que no tengo neutralidad en el tema, y tampoco la pretendo
tener, otro punto importante a recalcar es que yo no me considero un
periodista, a lo sumo un “opinionista u opinador” (término aún muy controvertido en el
idioma español, pero cada vez más necesario) y si realizo en ocasiones algunos
reportajes estos obedecen a falencias en el cubrimiento periodístico y a una
necesidad de las comunidades a las que pertenezco; con estos puntos claros
empecemos.
Mi animosidad contra Daniel Samper no es
nueva, y mucho menos comenzó a causa de su enfrentamiento con Uribe, ya desde
hace años, leía de vez en cuando alguna de sus columnas en la Revista Semana y
he de admitir que no hay en mi memoria una ocasión en la que haya terminado de
leer algo suyo, lo cual incluye la columna que enfureció a Uribe; no es
cuestión de pereza, leo muchas otras cosas, pero es que su estilo es tan malo y
de tan mal gusto que con leer algunas de sus líneas y ver aquel estilo de
gamberro burlón de colegio, me es suficiente para darme cuenta que el texto no
es nada serio y que es preferible invertir mejor mi tiempo. Solo apenas hace un
corto tiempo, cuando comenzó a publicar videos en YouTube®, pude conocerlo, y
fue un gran descubrimiento, pues su foto de perfil de Semana al igual que la de
su compinche Daniel Coronell parecen haber sido tomada hace más de una década, ese
contraste entre la imagen del columnista y la del youtuber, sumado a que en un principio se dedicó a criticar a los youtubers, echando de vez en cuando
chistes desganados y de mal gusto sobre política, me hizo creer que los dos
personajes eran familiares (como en Bogotá abundan las dinastías aristocráticas
que acaparan todo cuanto pueden), después de algunos videos quedó muy claro que
era el mismo, y cobró pleno sentido el hecho de que nadie comprara sus libros,
pues con ese estilo tan de estudiante frustrado que maneja, ¿quién los va a
comprar?, Y más allá de que estos sea un insulto, es una realidad, de hecho varios
escritos de los que se hacen los estudiantes en el colegio, con la euforia de
la rebeldía adolescente, y todos los errores que esto implica se asemejan a los
de este señor, carentes de un estilo decente, de mal gusto y sin interés de
hacer una aportación real a la situación de Colombia.
Pero Daniel Samper no es solo un
mal escritor y un pésimo humorista que se las da de periodista, él también fue
el director de la Revista SoHo; no tengo nada en contra de la pornografía ni el
erotismo, y de hecho soy admirador del desnudo utilizado en las obras de arte,
pero sus abusos en esta revista son bien conocidos, jóvenes de ambos sexos
retratados en escenas obscenas, completamente erotizados, desnudos con el
mínimo sentido artístico y del mayor mal gusto, algo muy propio de este
personaje; correos electrónicos filtrados, que muestran la falta de respeto de
Samper por sus modelos y de paso su falta de profesionalismo, pero no ahondaré
en esto, pues no tengo más que aportar a las revelaciones hechas por buenos
periodistas como Gustavo Rugeles, lo que sí quiero destacar es el preocupante hecho
de que la justicia haya alcahueteado estos retratos
inmorales justificándolos en base a
la “libertad de expresión”, aun cuando los defensores de Samper solo pueden
argumentar “que los menores tenían permiso de los padre” como si en Colombia la
Ley permitiera que los padres autoricen a sus hijos a realizar actos indebidos,
esto último es bien sabido por aquellos que hayan trabajado con entidades que
se encarguen de la protección y el restablecimiento de los derechos de los menores
abusados.
En fin, nada pareciera meritorio
en este señor, más allá de su exitosa incursión en YouTube, donde hay muchos
como él, hijos de familias acomodadas que no tienen nada mejor que hacer, pero
ni eso genera mérito alguno, pues en esa plataforma se puede encontrar
contenido que sí vale la pena. Entonces ¿por qué alguien tan mediocre es
defendido por todos los periodistas del país, ha dirigido una revista de gran
importancia, y se ha consolidado como un disque “líder de opinión” en Colombia?
La respuesta es simple pero decepcionante, y es que su éxito se resume en un
apellido “Samper” y en la estructura familiar que está detrás, y es que en las
familias con logros hechos a pulso, que en este país son la mayoría, un
personaje como Daniel Samper no tendría éxito, debería ajuiciarse, aprender a
trabajar en algo que sirva y aprender con los golpes de la vida a ser humilde,
pero su familia es de la élite bogotana, y el éxito y la fortuna las tubo
aseguradas, y sin entenderse por qué se le reconoce como una personalidad,
cuyas opiniones tan poco relevantes son mostradas en los medios de comunicación
masiva, por donde se pavonea cada vez con más frecuencia, los medios de comunión
le rinden honores y defienden cada una de sus mofas, ¿por qué periodistas
serios lo defienden? ¿Por qué programas serios lo toman en cuenta? ¿Cuál es el
motivo de la admiración del “periodismo colombiano” por este bufón? Son
preguntas que me hago sin hallar aún una respuesta satisfactoria.
Y finalmente es necesario hacer
un análisis del incidente que llevó a Daniel Samper al centro del debate
público; en este punto es necesario agregar a lo ya dicho que este columnista
es un provocador, tiene por costumbre utilizar aquella técnica cada vez más
popular entre los comunicadores colombianos y particularmente muy común entre
las personalidades de la izquierda política, consistente en hacer una serie de
ataques muy escandalosos: ridiculizaciones, difamación, insultos y demás
dirigidos a figuras públicas para que una vez que estas contesten hacerse las “víctimas”
y los “valientes”, diciendo que afrontan una persecución, dirigiéndose de
inmediato a las instancias judiciales que han estado desconociendo sus provocaciones.
Es evidente que esta estrategia resulta más rentable cuando se ataca a personas
muy populares, y es por eso que grandes personalidades públicas como Uribe son
constantemente acosados con ataques frecuentes tanto a su propia honra y buen
nombre como el de sus familiares. Los periodistas que hacen esto por lo general
no tienen mucho profesionalismo y ganan mucha popularidad entre los detractores
de los líderes a quienes atacan. Sabiendo esto la postura del líder político
Álvaro Uribe Vélez ha sido muy acertada, procurando ignorar estas afrentas por
parte de personajes como Samper, pero es claro que no está dispuesto a guardar
silencio ante los excesos de quienes se refugian en una libertad de expresión
mal entendida y mal utilizada, especialmente si lo que se pretende es atacar la
honra y la dignidad de una niña recién nacida.
El error de Uribe
Fue simple pero de grandes implicaciones
y fue el utilizar el término “violador de niños” para referirse a Samper,
aclarando posteriormente que era un “violador de los derechos de los niño”, algo
que para mí y buena parte de los colombianos es una nimiedad, pero la verdad es
que en los tribunales y los periódicos esta diferencia es enorme, y de ella se
aprovechó el provocador para intentar voltear la torta y hacerse pasar por
víctima, sin tener como ya se ha dicho, la autoridad moral para defenderse, de
la ola de revelaciones y publicaciones sobre sus ya consabidos abusos.
El periodismo alcahuete
Lejos de desmarcarse de este
nefasto personaje que es Daniel Samper, el gremio del periodismo tomó una
actitud muy reprochable, pues en una carta firmada por varios de los más “serios”
y reconocidos comunicadores del país acusaron a Uribe de tener una estrategia
montada para difamar y enlodar el nombre de sus críticos, haciendo ver a Samper
como víctima y descontextualizando lo ocurrido; lo triste del caso es que esta
vez no fueron solo los compinches del columnista sino que también fueron
periodistas con gran trayectoria los que intentaron legitimar el actuar de este
personaje, lo cual demuestra la capacidad de manipulación que ha alcanzado
Daniel Samper. Esta actitud fue cuestionada por periodistas como Julio Moralesquien en un blog de El Tiempo (Ni siquiera en la página principal de la publicación)
alega que: algo así se esperaría si el altercado lo hubiera protagonizado un
periodista serio, pero que no se justifica la defensa de un provocador con
tantos cuestionamientos, y llama a acabar con el apoyo a los columnistas que no
tienen límites a la hora de usar sus espacios de opinión como herramientas de
acoso.
Lo que viene
Es difícil pensar que tendrá
futuro una demanda interpuesta por un “periodista” con tantos cuestionamientos
contra un senador (hay que recordar los beneficios que la ley da a los
congresistas a la hora de opinar) que además es expresidente, más teniendo en
cuenta que este altercado tuvo lugar en Twitter® y que, en últimas se basa en
un error en la formulación de una denuncia, más aún si se tiene en cuenta la
causa: el ataque a una bebé, hija de una senadora, con todo esto veo difícil que
una demanda así prospere, y de llegar a hacerlo sería uno de los precedentes
más nefastos en este contexto jurídico.
Conclusiones, lo que se aprende
Los líderes del país deben saber
que hoy en día a la hora de hacer una denuncia, no basta con tener la
determinación y la certeza sobre los hechos, hoy deben tener diccionario y
asesor jurídico a la mano, porque errores en la justa formulación de una
denuncia permiten al culpable hasta hacerse pasar por víctima.
La derecha ganó, al confirmarse
la fidelidad, unión y solidaridad de sus partidarios. El periodismo perdió, especialmente
en credibilidad, al defender ciegamente y sin reclamo alguno a uno de sus
miembros más cuestionados. Entre Uribe y Samper quedaron en tablas, pues es difícil
que el proceso jurídico que se inició prospere con tan poca coherencia; pero si
la derecha deja de prestar atención a las mofas de Daniel Samper, puede que en
últimas, él sea el gran perdedor. Y tratándose de este bufón es algo que apoyo
completamente, es necesario dejar de darle una importancia inmerecida a un
escritor sin talento, pues como bien dicen los Tigres del Norte en su popular
canción “sin talento no busque grandeza, porque nunca la vas a tener”, es
necesario que el país y el gremio del periodismo sepan y admitan que Daniel Samper no es un periodista sino un
aristócrata gamberro.
Excelente.!! Yo y me atrevo a decir que al igual que muchos Colombianos, nunca terminé de leer un "artículo" si se le puede llamar así y menos terminé de ver un video "youtuber", me da pena ajena ver un payaso de esos escudándose en un apellido para desprestigiar a los que no son de su agrado...Vergúenza deberían sentir los periodistas al apoyar a semejante GAMBERRO!!
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